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Tribuna

El Rascacielos Horizontal, Benidorm

CTAA por CTAA 29/06/2018 14:59

Adaptación del Dpto. de Cultura y Formación del CTAA del texto de la serie “boîte à miracles” realizada por encargo a Andrés Martínez Medina. Dr. Arquitecto.

El laboratorio de urbanismo moderno

Hace más de medio siglo que se dio ‘carta blanca’ al nacimiento de la ciudad de los rascacielos en Benidorm (1963). Había otras metrópolis ya famosas por el skyline de sus esbeltos prismas, pero la mayoría de estas torres no estaban habitabas: en ellas solo se trabajaba ya que eran sedes corporativas. La peculiaridad de esta ciudad mediterránea es la de haber sido durante todo este tiempo un laboratorio del urbanismo moderno funcionalista (congresos CIAM), en manos de la azarosa iniciativa privada, que ha desembocado en la trama urbana europea más poblada de piscinas privadas y rascacielos residenciales (más de 300) de prismas exentos de más de 15 plantas (y hasta casi 200m de altura) con proporciones que desafían el empuje del viento y que exigió de cálculos poco habituales en arquitectura. Frente a tanto pináculo recortando el cielo, sorprende el paralelepípedo de la ‘Caja Consistorial’ de Benidorm que parece levitar en medio de este bosque de rascacielos, como si fuera uno más, ahora tumbado. Hay algo contradictorio en su primera imagen y es que los inmuebles no flotan, hunden sus raíces en el suelo.

Vista aérea de la trama urbana de Benidorm; en el centro queda el Parque de l’Aigüera uniendo, de sur a norte, la plaza del Ayuntamiento, el anfiteatro de espectáculos y la plaza de toros (Google Maps)

Situación Ayuntamiento de Benidorm [imagen Google Maps]

Vista nocturna frontal Ayuntamiento de Benidorm

Se trata de un rascacielos horizontal cuyo perfil resalta sobre la quebrada silueta de la ciudad jardín vertical. Casa Comunal que abrió sus puertas en la primavera de 2003 enterrando una historia de obras y ambiciones. Para valorar el Ayuntamiento –arquitectura y plaza– conviene saber de su pasado. Las cosas extrañamente son lo que parecen. La decidida simplicidad del atrevimiento de esta estructura, que levanta unas 6.500 toneladas de obra salvando 65m, es el resultado de un sutil proceso cuyo principio no anticipaba este monumento, en parte, reinterpretación del arquetipo de arco de triunfo.

El barranco de l’Aigüera como alfombra

Fue el ‘milagro’ del turismo el que dinamizó la urbe contemporánea que tuvo su primer envite en la crisis del petróleo, cuando todo se vino abajo excepto los rascacielos. El primer concejo democrático recibió un Benidorm hipotecado ya que sus únicos espacios públicos eran las playas. Despejar un claro dentro del entramado urbano exigió que la rambla de l’Aigüera fuese municipal. Conseguir, además, que el seno del torrente fuese un jardín, requirió encauzar su fondo y repoblar las laderas a fin de unir el núcleo histórico con el ensanche de Levante.

Plano de del Parque de l’Aigüera (1984-88), proyecto del Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill

Plano de del Parque de l’Aigüera (1984-88), proyecto del Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill

El parque fue diseñado por R. Bofill (1984-88) que venía avalado por su mediático y político Jardín del Turia en Valencia. Se impuso una composición de trazas académicas (ejes, cuadrados y semicírculos) y lenguaje clasicista unitario, la cual se colmató con arbolado autóctono tipo olivos, pinos, cipreses y palmeras. 

Planos de la nueva Casa Consistorial, Ricardo Bofill (1988), sobre el aparcamiento: plaza y sección

Planos de la nueva Casa Consistorial, Ricardo Bofill (1988), sobre el aparcamiento: plaza y sección

En la parte más baja de la vaguada se previó el nuevo Ayuntamiento encima de un parking enterrado. El edificio, también de Bofill, se proyectó aislado, simétrico y abrazado por una plaza porticada cuadrada. Las obras se paralizaron con la urbanización que remataba el garaje (1991) y hacía de vestíbulo al jardín. En los 90 resultó imprescindible terminar el nuevo consistorio: cuestiones utilitarias de reunión de espacios lo reclamaban.

Se abandonó el diseño de ‘autor’, por escaso y anticuado, y se confió en un equipo de la casa que entendería los requerimientos funcionales y la carga simbólica.

Ayuntamiento en obras, ca. 2002-03, de J.L. Camarasa, R. Landete y J. Añón (AIC Equip)

Alzado sur del nuevo Ayuntamiento, 2000, recayente sobre la plaza municipal

Alzado sur del nuevo Ayuntamiento, 2000, recayente sobre la plaza municipal

José Luis Camarasa, arquitecto municipal, aceptó el encargo dibujando el anteproyecto actual (con R. Landete) que desarrollaría el equipo de Juan Añón (AIC EQUIP), con cálculo de la estructura de Florentino Regalado. Proyectos e inversión fueron ultimados a principios del milenio y la ejecución se prolongó unos dos años (2001-2003), aunque el proceso tuvo sus retos y adversidades. La idea principal fue mantener la plaza como acceso al recién estrenado parque y que sirviera, también, al nuevo Ayuntamiento, asumiéndose las preexistencias del lugar (geometría, orientación y subsuelo) como valores añadidos.

Arquitectura y técnica: arco de triunfo

El Ayuntamiento no debía apoyarse en el suelo porque no permitiría el avance hacia el parque. La arquitectura tenía que ser paso entre dos lugares; un paso amplio y espacioso, sin elementos que obstaculizasen el tránsito: sería un vano tan ancho como la propia la plaza. Ante estas exigencias, por la distancia a saltar (casi 100m), el vano se salvaría con un puente habitado: la ingeniería se ponía al servicio de la arquitectura, como en el Ponte Vecchio de Florencia. El puente simboliza la unión de dos partes de la ciudad (centro y ensanche) salvando la vaguada. Con ingenio se recreó un arquetipo, aquel que los primitivos humanos hicieron para saltar un torrente: abatir un tronco y apoyarlo sobre dos rocas junto al intermitente cauce. Piedras que, ahora, son pilas potentes que arrancan del fondo y tronco que es un flexible tablón descansando en ellas para salvar la línea del agua. El tablero del puente, además, produce sombra por ser un techo, y la cubierta es la más primitiva protección asegurada por la arquitectura. Y este lugar bajo el puente es el espacio público de identidad social de quienes habitan Benidorm: la plaza de la ciudad presidida por el arco de triunfo municipal.

Ayuntamiento terminado, 2003, visto desde la plaza municipal de acceso al Parque de l’Aigüera

Montaje de las dos grandes vigas de perfiles metálicos que definen la caja volada del nuevo Ayuntamiento de Benidorm (ca. 2001)

Montaje de las dos grandes vigas de perfiles metálicos que definen la caja volada del nuevo Ayuntamiento de Benidorm (ca. 2001)

Alzar esta estructura no fue tarea sencilla porque exigió de dos pilastras dobles en las que apoyar las vigas-celosía donde se encajaba el variado programa de necesidades, resuelto con dosis de raciocinio nórdico e ingenio neerlandés (De Brug, Róterdam). En el tablero se ubicaron las oficinas y la Alcaldía (con su balcón en patio), mientras que, tangentes a las pilas, se alojaron los servicios de atención pública y los salones institucionales. Se proyectó una gran caja con tres niveles, hecha de huesos de acero y piel de vidrio, descansando en los soportes que necesitaron reforzar sus fundaciones. A fin de no recortar la plaza sobre el parking, esta se amplió con dos volúmenes de hormigón blanco que hicieron de basamento. En el aire se erigieron las dos grandes vigas con las únicas cuatro grúas disponibles en España para levantar 500 toneladas. Los trabajos de alzado, atado y cierre del prisma horizontal fueron un alarde con cierto riesgo. Cuando el volumen descansó sobre los cuatro apoyos, la colocación de placas, paneles y acabados fue una labor próxima a una cadena de montaje. Todo resultó una proeza técnica.

Ayuntamiento ya terminado, 2003, vista de la fachada norte y posterior al Parque de l’Aigüera

Ayuntamiento ya terminado, 2003, vista de la fachada norte y posterior al Parque de l’Aigüera

Casa de todos, símbolo de identidad

El resultado se sintetiza en las cifras: el Ayuntamiento, que multiplica por tres la superficie útil de las antiguas oficinas, consume la mitad de energía: es seis veces más eficiente gracias al factor de forma de la envolvente, a las carpinterías, a los vidrios y a la centralización de las instalaciones.

Alzado norte del nuevo Ayuntamiento, 2000, recayente sobre el Parque de l’Aigüera

Alzado norte del nuevo Ayuntamiento, 2000, recayente sobre el Parque de l’Aigüera

Una arquitectura pensada, útil, serena y, a la vez, singular: una forma simbólica que destaca ‘por encima’ del continuum edificado, fácil de recordar al evocar actos y ritos ancestrales y que –más allá de la magia de su levitación– es capaz de crear un lugar de encuentro de los ciudadanos de hecho y de derecho que se reúnen bajo su sombra arrojada.

Sección del prisma horizontal volado conteniendo los tres niveles de oficinas forrado de vidrio

Sección del prisma horizontal volado conteniendo los tres niveles de oficinas forrado de vidrio

Detalles de las lamas grabadas con los nombres de la fachada sur

Detalles de las lamas grabadas con los nombres de la fachada sur

Todo ello sin falsas imitaciones, sino recurriendo a los signos del presente: un entramado metálico recubierto con una inteligente superficie de lamas vítreas donde están escritos los nombres de los 65.000 ciudadanos en los años de su ejecución. El inmueble deviene un símbolo sin exceso formalista alguno que tanto acusó mucha de la arquitectura de principios de milenio y que tanto gasto económico supusieron en el presupuesto y el día a día.

La nueva Casa Consistorial, protagonista de la identidad cívica, se resuelve desde figuras y conceptos sencillos. Los arquitectos han reinterpretado los elementos de la ciudad —los rascacielos—, convertidos en piezas de unos renovados juegos Fröebel, apiladas y combinadas para apoyarse entre sí del modo más estable posible. El Ayuntamiento, pues, se alza como un icono –elemental y austero–, uniendo tradición y contemporaneidad –arquetipo y metáfora–, articulando dos tramas urbanas: la histórica y la moderna.

Vestíbulo principal de acceso al Ayuntamiento: bloque del lado de levante y escalera principal

Planta baja (cota 0) del basamento de apoyo del prisma horizontal del nuevo Ayuntamiento

El puente sobre el barranco, la puerta de paso al parque, el lugar seguro de recibimiento y la plaza de reunión cívica se dan cita ante la ‘Casa de Todos’, donde no faltan los símbolos que permiten reconocer a todo palacio municipal: el balcón desde el que saluda el alcalde y el reloj que marca las horas en la era digital. Aquí la Arquitectura simboliza la puerta que conduce la sociedad hacia el futuro a la vez que vincula –a través del agua bajo la tierra– el circo de colinas que la arropan (donde se condensa la lluvia que moldeó l’Aigüera y genera un miroclima único) con el Mediterráneo de sus playas.

Plantas 2, 3 y 4 del prisma horizontal del nuevo Ayuntamiento apoyado sobre dos pilas

Tomo prestadas unas palabras de Mendes da Rocha que son trasladables a esta obra: “En rigor, se trata de tres piezas: vigas, pilares y losas. Elementos que producen una serie de resultados, como si se tratara de música”. En síntesis: “para ser fuerte es mejor decirlo todo con pocas palabras”, algo que sucede en el Ayuntamiento de Benidorm a la vista de todos: el homenaje a la propia metrópolis mediante un rascacielos tumbado al sol.

Extremo de poniente de la parte volada del prisma horizontal con detalle de las lamas de vidrio

Extremo de poniente de la parte volada del prisma horizontal con detalle de las lamas de vidrio

Referencias bibliográficas

Martínez-Medina, Andrés, 2013, “Diez años del nuevo Ayuntamiento de Benidorm: símbolo e identidad”, en Diario Información (todas ediciones, suplemento Artes y Letras), Alicante 27-06-2013.

Camarasa, J.L.; AMP, 2003, “Ayuntamiento, Benidorm (Alicante). Town Hall”; rev. Monografías A&V, nº 99-100.

Ídem en: Vía Arquitectura nº 12.

Libro (sobre el urbanismo de Benidorm): Gaviria, Mario; Iribas, J. Miguel; Sabbah, Françoise; Sanz Arranz, Juan Ramón, 1977, Benidorm, ciudad nueva (2 vol.), Madrid: Editora Nacional..

Planos

Procedentes de internet y facilitados por José Luis Camarasa.

Fotos

Del autor (2013), de Duccio Malagamba y facilitadas por José Luis Camarasa (2000-2004).
Publicadas en VIA arquitectura 12.V.

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